viernes, 19 de agosto de 2016
MIGRANTES (XXX)
Un nefasto día, Angela Merkel decidió abrir sus fronteras a los refugiados atascados en la estación de Budapest. Cedió a la propaganda musulmana de la pena, la lástima, la solidaridad y el sufrimiento. El efecto llamada (como si fuera Zapatero) había comenzado.
Se lo pagaron violando a más de 6.000 chicas la noche de san Silvestre. Tardaron poco en mostrar com o son. Meses después, por si no había quedado claro, una oleada de atentados perpetrados por solicitantes de asilo y radicales, abrían más la brecha entre la política de Merkel y el pueblo alemán.
Y no les gusta occidente, pero 200.000 solicitantes de asilo en Alemania, y cuya solicitud ha sido denegada por no cumplir los requisitos (algunos, muchos, son de paises donde no hay guerra). Y pregunto: ¿cómo viven? ¿de qué viven? ¿cual es el gasto que esto acarrea? De momento, el gobierno alemán ha determinado que la jubilación se amplia a los 69 años. !Ven cuánto cuesta este buenismo!
Y aunque algo está cambiando, sino en la Merkel, sí en su gobierno o sus socios bávaros, se pretende tomar medidas que ya deberían estar ejecutadas. Por ejemplo: quitar la doble nacionalidad al que delinca, o al que marche a combatir a Oriente Medfio. !Faltaría más! Pero, lo proponen, no lo aplican, dicen que alguna medida chocaría con acuerdos internacionales firmados por Alemania.
Mientras, los recién llegados, jugando aser cada vez más, una mosca cojonera. Paseando con burka, imponiendo el burkini (si no se habían bañado nunca), exigiendo mezquitas, queriendo comidas especiales, alarmándose por ver minifaldas o bikinis, atacando a machetazos a los que fotografían a sus mujeres, y recordando que, las leyes de sus países les obliga a que, aunque se les de la nacionalidad alemana (aquí se puede poner la francesa, belga, española, italiana, etc), su principal nacionalidad es la de nacimiento.
O sea, un caldo de cultivo que estallará
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