La avalancha descontrolada de migrantes a Europa, acabará por cobrarse su primera víctima; la todopoderosa canciller Merkel, a quien, personas de su gabinete, sus ciudadanos, y gobiernos y pueblos del resto de Europa, la están culpando de la crisis de refugiados.
Su gran popularidad está decreciendo, y a tenido que bajar al ruedo y manifestar que, la llegada de sirios no implicará una subida de impuestos. Lo que calla es que implicará un descenso del bienestar alemán, y por ende, de los demás países de la Unión.
Como ya no controla el éxodo musulmán, ha emprendido un viaje relámpago (y no anunciado) a Turquía, a la que ha prometido (algo que también deberían opinar otras naciones) acelerar su entrada en la Comunidad si controla mejor el flujo que circula por su país. Para ello, la sembrará de millones de euros, y lo que es peor, le dice que hará la vista gorda en temas como los derechos humanos o la libertad de prensa.
Ha visto como en Austria, país que desde 1945, ha sido gobernado sin interrupciones por el partido socialista. Ahora, en las últimas elecciones regionales, han perdido su cómoda mayoría absoluta, logrando sólo el 39% de los votos, y viendo que la ultraderecha han conseguido el 32%.
Y se entera que, de los sirios que han conseguido llegar a Alemania, un 30% que decía ser sirio, no lo son (algunos no hablan siquiera el árabe). Se le informa, además, que en Turquía, país al que por interés abraza, ha surgido un mercado negro de pasaportes sirios falsos.
Y ve como una candidata a alcaldesa (que después fue elegida), es acuchillada por sus simpatías con los migrantes. Se apresura a decir que era un ataque de los ultras, pero debe callar (no disculparse) cuando se comprueba que era un trabajador alemán en paro, que manifestó que lo hizo para defender al obrero alemán.
Mientras, el flujo, como el aceite de un barco petrolero averiado, se desparrama por toda Europa. El último país por el que deciden cruzar (no quedarse porque es un país pobre), es Eslovenia. Mientras en Calais, otrora paraiso turístico, en su campamento, queriendo llegar al Reino Unido, hay 9.000 personas.
Resumiendo. Mientras los países europeos (comandados por la Merkel) van por un lado, el pueblo trabajador por otro, y las izquierdas caducas por otro, el caos que se avecina será de órdago.

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