Lleva apenas unos días como alcaldesa, y a la ex juez le crecen los enanos. O le hacen las listas de concejales vista su incapacidad, o está jugando con doble moral.
Su concejal de cultura, Zapata, ha sido imputado por haber escrito tiempo ha, unos tuiters vejatorios. Lo del chistecito de los judíos y el cenicero no tiene gracia, pero encuentro más incorrecto lo del cementerio de las niñas de Alcasser. Estoy seguro que, oralmente, no se lo diría a sus familiares. Ha dimitido de cultura, o era un gesto o se le pusieron por corbata.
Pero peor son los tuiters de Pablo Soto. Estos incitan a la violencia, al odio, al revanchismo. Algo impropio de un político ¿político?
Pero a mi, lo que me llega al alma es lo de la portavoz municipal, la niña Maestre. Se desnudó dentro de una manifestación en la capilla del Campus. ¿Lo haría en una mezquita? No, claramente no, es demasiado cobarde. Y mentirosa, pues en un principio lo negó, pero las imágenes no dejaban ninguna duda. Yo la animo a que se desnude en una mezquita. Lo puede hacer con toda la parafernalia de cámaras, periodistas y público, pero me juego mi prestigio a que no se atreverá. Política y valentía hace tiempo que no van a la par.
Y entretanto, Pablo Iglesias los defiende. Ha pedido a la Fiscalía que debe preocuparse más de las cuentas de Suiza que las de Twitter. No nombra para nada las cuentas de Venezuela.
Y a la señora alcaldesa: al tomar poseción de su cargo, dijo, como todos, que gobernaría para TODOS ¿se ha preocupado de preguntar a alguien, a mi por ejemplo, se el desnudo de la niña Maestre ofendía?
Vamos a tener una legislatura caliente, y no lo digo por los pechos de la niña Maestre, sino por el cúmulo de barbaridades que nos espera. Al tiempo.

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