miércoles, 17 de junio de 2015

TAMBIÉN MUEREN LOS BLANCOS


  De vez en  cuando nos informan de algunos desmanes de la policía en EE.UU. Por un quítame allá los pelos, disparan sobre negros. No lo apruebo, pero creo que la policía debe estar hasta los c...
   Pero de lo que voy a escribir hoy es de lo que ha pasado en Washington, algo que, esta vez, la prensa no lo ha repetido machaconamente. Supongo que es por aquello del hombre que muerde a un perro y viceversa.
   Un tal daron Dylon Wint, soldador de profesión, negro, 34 años, con numerosos antecedentes, ha cometido un cuádruple crimen en una mansión de un barrio residencial, muy cerca de la residencia del vicepresidente Biden.
   Wint, que había trabajado ocasionalmente para el dueño, un americano de origen griego, entró en la casa. Amenazó a los que se encontraban en ella: el padre, la madre, un niño de 10 años y la asistenta de origen salvadoreño. Los amenazó, los ató, les pegó, y finalmente los cosió a puñaladas. La única buena noticia es que las dos hijas mayores no se encontraban entonces en el domicilio.
   Después de cometer los asesinatos, le entró hambre al pobre Wint, y se comió una pizza que habían encargado. Después, recogió todo lo de valor que pudo, incendió la casa y huyó. Además de asesino debía ser torpe porque en su huida se le cayó un sobre con 40.000 $
   Como tenía antecedentes la policía no tardó en saber que había sido él. Su ADN aparecía en los restos de pizza, además de los cigarrillos que fue dejando.
   No tardó en ser detenido mientras conducía su automóvil en compañía de dos mujeres. Había que gastar cuanto antes parte del dinero robado.
    Sanguinarios asesinos los hay en todos los colores, y nunca mejor dicho lo de todos los colores.

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