El expresident Jordi Pujol ha sido un político con luces y sombras. De luces no voy a hablar. Es su obligación tenerlas, pero las sombras han acabado por devorarlo.
Desde el primer traspaso hecho por Suárez, en que en vez de pedir Hacienda, prefirió la ruinosa "Lotería Catalana", o cuando no aceptó la propiedad de las autopistas, una vez terminado el plazo de posesión de las empresas, y que nos cuesta tanto dinero a los catalanes, mientras vemos la gratuidad de autopistas y autovías en el resto de España. Por no hablar en su empeño personal en colocar al ex juez Pascual Estivill, y su posterior defensa. Fué condenado. O por no haberse entendido nunca con E.R.C., en particular con un político tan honesto como Heribert Barrera.
A pesar de ello estuvo muchos años en el gobierno de la Generalitat, eso sí, mostrando unos tics de autoritarismo y vanagloria.
Pues bien, su prestigio (que lo tenía) se ha esfumado de golpe. Primero por el caso de la famosa herencia que no había tenido tiempo de regularizar en 34 años. Después por su clan familiar, que no tiene nada que envidiar al clan de los Franco-Polo.
Ya lo dijo tiempo ha el primer president de la democracia, el estimado Josep Tarradellas, un estadista honesto con el cual Pujol no se entendía: "Pujol es autoritario y dictatorial, e igual que Franco, cree que Catalunya es su finca personal. Con el tiempo dejará un país en la ruina" TARRADELLAS TENIA RAZON.

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