la noticia saltó a la prensa hace poco más de un mes. Ciudadanos del este de Europa, casi todos búlgaros, venían de visita turística a España y acababan siendo trasplantados de un riñón.
Veinte casos investigados, ocho en tratamiento de diálisis, y seis ya con el trasplante de riñón.
La noticia informaba que la Oficina de Coordinación de Trasplantes de Madrid había detectado un aumento anormal en las listas para recibir tratamiento (y órgano)
Para conseguirlo se daban de alta como autónomos, o como trabajadores por cuenta ajena en empresas que no existían. Con la tarjeta sanitaria en su poder, eran incluídos en lista de espera, pero como en España somos más quijotes que D.Alonso Quijada, pasaban delante de los españoles.
Y hago constar que, aunque en Madrid detectaran el aumento de pacientes (y les debería haber extrañado que todos fueran búlgaros), la realidad también es que la noticia de que en España se hacían brillantes trasplantes, se había extendido como pólvora en Bulgaria, la prensa de allí se hacía eco, y alguno de los ya tratados (toda gente pudiente), se jactaban de ello, animando a familiares y amigos.
El motivo de que haya tardado un mes en escribir sobre ello, es porque ya no se comenta nada más, y queremos saber como terminó todo. ¿Se les reclamará el dinero de la intervención? ¿se les imputará por estafa a la S.S. y a Hacienda? ¿y por falsos empadronamientos?
Es que no basta con dar una noticia a bombo y platillo. Hay que llegar (informar) hasta el final

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