Europa se da cuenta, por fin, de que no caben tantos refugiados, y opta por devolverlos (bajo pago, claro) a Turquía. La cristiana Europa tenía la obligación de acogerlos, alimentarlos, curarlos y asiliarlos. La musulmana Turquía lo hará, pero cobrando. A pesar de todo, lo entiendo.
Y es que una cosa es que llegasen unos cientos de miles, y otra (nótese la cifra de peticiones de asilo en los últimos 4 años, doblándose cada seis meses) recibir a más de 4 millones de expatriados. Y numero sólo las peticiones de sirios. No nombro a afganos, pakistanís, bosnios, kosovares, iraquíes, magrebíes, y para no alargar, sussaharianos. Estos, además, enriquecen a las mafias, cuya última delicadeza ha sido venderles barcazas y lanchas en mal estado.
Y España, tierra de quijotes, a hacer el primo. Unanimidad entre todos los estados, unos por vocación y otros por temor a la subida imparable de la extrema derecha. Y España, gracias a la presión de la izquierda, a estar en contra de la expulsión. Por cierto, tan amante es la izquierda de los referéndums, ¿por qué no hacen uno para saber que opina el pueblo?
Y ahora vayamos a la ONU, también crítica con la posición europea. ¿Hacia donde mira cuando EE.UU. construye vallas a través del río Grande para que no lleguen sudamericanos?

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