Y aunque el personaje no me cayera simpático, el derribo de estátuas, retratos o cualquier símbolo, no me gusta. La historia es la historia. Opino igual de los que se cargaron las distintas esculturas de Franco, que tampoco me caía simpático, pero si vamos por Europa, veremos homenajes a, por ejemplo, Napoleón, Bismark, Cromwell, políticos que no siempre cayeron bien a todos.
Claro que la culpa es de los que, por peloteo o por interés, erigen estatuas a personas vivas. En el mundo civilizado occidental, hay que esperar a morirse para recibir homenaje. En el caso de Pujol, vanidad de vanidades.
Por cierto, que el monumento era feo. Algunos dicen que recordaba las que le hicieron a Lenin. A mi me recuerda más a Sadam Hussein.

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