A medida que se acercan los trascendentales días, se oyen opiniones, sobretodo de independentistas y españolistas. Hay un tercer grupo, los indecisos, los cuales, siendo catalanes (o no), amantes de Catalunya, y (como dijo Pujol), los que viven y trabajan en Catalunya. O sea, los que están llenos de dudas.
Este grupo casi no se les oye. Quizás porque son apolíticos, han llegado a la vejez, o solamente les preocupa llegar a fin de mes. Tienen otros pensamientos: el paro, las pensiones, el letargo de la sanidad, la crisis, la inmigración o la delincuencia.
A este grupo de indecisos le cabrea que la Generalitat se gaste 20 millones de euros en pretender que se aprenda el catalán en Japón, o que se estén haciendo contactos al más alto nivel (viajes, hoteles, comidas) con lo que suponga en gastos, para, por si a los mejor (o a lo peor), se nos admita en la OTAN.
Y continuarán indecisos hasta que se les detalle, entre otras cosas, por ejemplo:
¿Cuánto cuestan tantas manifestaciones, cadenas humanas, banderitas, embajadas y otros varios? ¿De donde sale el dinero? Presumo que de los recortes.
¿Qué presupuesto tienen la Assemblea Nacional de Catalunya o el Omnium Cultural? ¿Cuánto cobran la señora Forcadell y la señora Casals, presidentas de estas instituciones? ¿Quizás sea un cargo voluntario?
¿Qué beneficio están obteniendo los que se enrollan en la bandera del catalanismo? El gran padre del catalanismo durante 30 años sí que supo sacar un gran provecho personal.
Finalmente, serán los indecisos los que determinarán el resultado. SER INDECISO NO ES SER BORREGO.

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