Lo políticamente correcto (este cáncer que desune) es criticar a Salini y a su gobierno, pero, nadie piensa en qué debe haber padecido (y padece) el pueblo italiano. Cuando el uso se transforma en abuso, lo normal es que crezcan los críticos.
Ahora Salvini ha hecho un decreto para endurecer el asilo, y de paso acelerar las expulsiones. Sólo en 2017, 20.000 refugiados tuvieron el derecho de asilo, un 25% de los 100.000 que lo solicitaron. Argüyendo distintos motivos: la guerra, persecuciones, penuria económica, homosexualidad, o porque sus maridos las pegaban. Las expulsiones se harán rápidamente, si se comprueba que los que pidan asilo cometen delitos graves: droga, robos con violencia, ataques sexuales, etc. Tampoco se permitirá estar en Italia a ningún refugiado que ya haya sido expulsado de algún país europeo.
!Hasta los huevos deben estar muchos italianos! Aunque, hay que reconocer que no todos. Por ejemplo, el alcalde de Riace, que ha sido detenido por su facilidad en acoger emigrantes. Se le acusa de facilitar matrimonios de conveniencia con italianos, de forzar a la compañía de recogida de basuras a contratar sólo a extranjeros, de restaurar casas abandonadas con fondos de la Unión, y de emitir billetes con efigie de Guevara, Luter King o Gandhi, sólo válidos para comprar en el pueblo.
En Europa, y en España, muchos quieren a un Salvini.

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