Unos macarrones a quien lo entienda. Bangladesh y Birmania han llegado a un acuerdo para, en dos años, repatriar a los 655.000 rohinyás que se marcharon de la región birmana de Rajine.
Esto es lo escrito, lo acordado, lo pactado. Ahora bien, Birmania dice que pese a ello, sólo admitirá a un máximo de 120.000. Bangladesh dice que le falta capacidad para ir entregándolos poco a poco (se habló de 1.500 semanales), y los rohinyás dicen que no quieren regresar a Birmania.
Esto es la política. El arte de enredar todas las cosas. Y entre medio, las onegés, que aparecen por todas partes.
Este pueblo musulmán, originario de Bangladesh, llegó acabada la 2ª G.M. a Birmania (en su frontera), y después de más de 60 años sólo han causado peleas, altercados, y exigencias. En un país budista, exigen que se implante el islam, pero quieren vivir de subvenciones del resto del país. Exaltados como son (lo llevan en los genes) hace unos meses asaltaron y mataron opuestos de policía y ejército birmano. La respuesta (Birmania no es Europa) fue brutal. Ahora se pacta volverlos a aceptar pero que vivan en campos de refugiados (un lastre) y ante la indiferencia de su propio país, Bangladesh, que aduce no tener dinero para ocuparse de ellos.
Un conflicto que no acabará.

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