martes, 13 de febrero de 2018

CALAIS

En 2016 parecía que se desmantelaba lo que se conoció como la jungla de Calais. !Ilusos! Hubo peleas, heridos, agresiones, detenidos, y sí casi se derruyeron las casas-barracas, pero dos años después ya está todo igual. Afganos y eritreos (casualidad: todos musulmanes) se han enfrascado en una batalla campal. Decenas de heridos por armas de fuego. ¿se pelean por el reparto de comida? Sí, y por la venta de droga. Los vecinos de las poblaciones cercanas reclaman más seguridad, pero allí están las onegés (culpables muchas veces) ayudando y calentando el ambiente. No es que repartan mantas, es que les dan falsas esperanzas. Pronto hablaré de este colectivo que odio, el de las onegés, colectivo bien comido y bien pagado, siempre a cargo del bolsillo de otros. Por cierto que, tras la batalla, Macrón se personó en el lugar, y ninguna onegé quiso entrevistarse con él. !Cómo puedes negarte a recibir al que te está subvencionando (y muy bien)! Mientras, afganos, eritreos y similares, malviven (a lo mejor viven mejor que en su país) vendiendo droga, y ensuciando todo el suelo que pisa. Algo así como el caballo de Atila.

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