Fácil. Se empieza por provocar, se espera a que hayan represalias, y entonces se pone en movimiento las redes sociales, la prensa, la televisión, el antijudaismo, y ya está.
Recientemente, dos policías israelies han sido muertos por unos palestinos. El gobierno judío pone detectores de metales en la explanada de las mezquitas, curiosamente lugar sagrado para ambas religiones. Los palestinos protestan. No verbalmente, no. Arrojando piedras, ladrillos, y con palos y provocaciones.
Al mismo tiempo, sale el zumbado de turno y enciende una mecha de odio. En el caso de ahora, un palestino entró en una casa de Cisjordania, en sabbat (día festivo para Israel), y sin respetar lo sagrado de otros, mata a 3 ciudadanos civiles e intenta matar al resto de la familia que, además, celebraba el nacimiento de un niño. Gracias a un vecino, soldado, que escuchó los gritos, no hubieron 15 muertos.
Entonces, todos protestando, todos arrojando piedras, llamando a la guerra santa.
Así se escribe la historia.
esto es lo que pasa con la convivencia con musulmanes.

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