Pero primero contemos lo que ha sucedido hace unos días.
Un vigilante del Metro de Catalunya ve a un mantero que no paga. Le da aviso. Entonces el pobre mantero coge su móvil último modelo y llama a otros. se presentan una docena que comienzan a increpar al vigilante. Unos pasajeros avisan a la guardia urbana que estaba cerca.
En pocos instantes, entre guardias y manteros, unos 25 en total, se lian a golpes. Los manteros se despachan a gusto, con golpes y rompiendo las barreras y puertas de los accesos.
!Para qué continuar! Todo se acaba con unos cuantos lesionados (por ambos bandos) y una denuncia.
¿denuncia? ¿a quien? ¿la pagarán? Aquí los únicos que pagan son los pasajeros, que abonan sus billetes.
Y nos toca callar. Dicen que hay más de un millón de futuros manteros esperando en Africa para llegar a España. Temblemos. Y el caso que, en mi pueblo, veo a pobres negros en descapotables, liquidando las ganancias, y surtiendo de más mercancía.
Y tiemblan los pequeños comercios, cada día con más competencia desleal. Y (ahora toca pensar en mi), tiemblo de coger el Metro y poder sentarme, porque estos manteros, sabrán correr mucho por las estepas africanas, pero cuando suben al Metro, se avalanchan sobre los asintos, aunque sean reservados a ancianos, preñadas, cojos, o cualquiera que, además, haya pagado el billete.
Hay que decirlo, aunque me tachen de racista.

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